ASUNCIÓN es una simbiosis de naturaleza y humanidad en la que las voluntades individuales tuvieron una importancia menor. Nació y creció en el único sitio posible. Aquel en el cual el río, el suelo, el bosque, los indígenas, los conquistadores y una multitud de factores coincidieron armónicamente. Así, sin determinismos ni voluntarismo exacerbado surgió una ciudad que no es creación de nadie en particular, pero de todos. Una hija de héroes y de las masas anónimas; de la naturaleza inteligente y de la inteligencia humana!

La decisión de los conquistadores de construir la Casa Fuerte Nuestra Señora de la Asunción en el sitio donde actualmente se levanta la ciudad de Asunción fue asumida tomando en consideración la generosa predisposición de los karió – tribu guaraní que por entonces ocupaba la región – para compartir sus bastimentos y sus ambiciones.

El 15 de agosto de 1537 el Capitán Juan de Salazar y Espinoza, llegado al Nuevo Mundo con el Primer Adelantado del Río de la Plata, Don Pedro de Mendoza, fundó la Casa Fuerte movido por la necesidad de dar apoyatura a la empresa de penetración y conquista de otros territorios. El fuerte, devino el centro de toda la Provincia Gigante de las Indias y Asunción, recibió la denominación de Madre de Ciudades por su vocación fundadora. El asentamiento se convirtió en el amparo y reparo de la conquista y “…refugio nuestro y posada para los que de abajo viniesen…”: Sus puertos constituyeron el eje de expediciones que dieron origen a ciudades como Buenos Aires, Corrientes, Santa Fe, Concepción del Bermejo (Argentina), Santa Cruz de la Sierra (Bolivia); Santiago de Jerez y Ciudad Real (Brasil).

La colonización española se desarrolló y prosperó gracias a la mezcla de razas. El mestizaje no fue visto como un riesgo; se erigió, más bien, en el primer fundamento real e insustituible de la Colonia y en el pivote de su expansión. Sin la mezcla racial los europeos no hubieran prosperado en un ambiente tan diferente al que estaban habituados por ello incorporaron a su acervo nuevas formas de alimentación, de aprovechamiento del espacio, de técnicas de combate, de nuevas medicinas, de una nueva lengua. Muchos hábitos fueron adoptados por imposición de las circunstancias; otros por mera simpatía. Los conquistadores fueron introducidos por los indígenas al mundo de lo natural; estos fueron introducidos por aquellos al mundo de lo artificial. Asunción se constituyó en el primer resultado simbiótico de esta experiencia que no fue singular en la Conquista pero, que tuvo aquí sus peculiaridades. De la mezcla nació la RAZA GUARANÍ, pujante, singular, aguerrida; resultado de procesos seculares, síntesis de millones de voluntades indeterminadas y de acontecimientos en los que la naturaleza intervino tan enérgicamente para transformar al habitante.

Los paraguayos estuvieron a la vanguardia en el movimiento independentista en Sudamérica. En este contexto, organizaron la primera revolución por la independencia: la Revolución de los Comuneros, entre 1717 y 1735. Pese a la derrota, esta fue la semilla que insufló ansias de liberación en todo el continente americano. Paraguay fue el primer país que logró su independencia de la Corona española: el 15 de mayo de 1811.

Hacia fines de la primera mitad del siglo XIX, pese a su falta de litoral marítimo – lo que podría haber imposibilitado su desarrollo - el Paraguay se constituyó, en la Nación más desarrollada de Sudamérica. Este impulso fue frenado por la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra Grande, que diezmó la población, aniquiló su infraestructura y depauperó al país. A fines de 1871, el 70% de la población había desaparecido.

Esta aparente desventaja no deja de ser positiva a la hora de considerar su capital como sede de eventos regionales o internacionales. La privilegiada ubicación geográfica hace del país y de su capital, Asunción, el centro de Sudamérica y el centro del MERCOSUR.

Las peculiaridades geográficas dotan a la ciudad de Asunción de atractivos paisajes y áreas privilegiadas. La ciudad fue creciendo horizontalmente. Esta tendencia se registra hasta nuestros días debido al apego de los asuncenos a un cierto estándar de vida que, aún hoy, les permite aspirar a una casa con jardín. La Asunción de antaño, la de los jazmines y azahares sigue siendo una realidad!

Si bien su centro histórico se reduce, en la actualidad, a un área de pocas manzanas que concentra las principales instituciones políticas y administrativas y parte de la actividad comercial, los encantos de la Asunción colonial y moderna adquieren verdadero realce en los parques, plazas, paseos públicos y monumentos históricos en un contraste lleno de colorido.

Un paseo completo e interesante es el que incluye la Plaza de la Constitución rodeada por el Congreso Nacional, el ex Colegio Militar, el Cabildo, la Catedral Metropolitana, el Correo Nacional y la sede de la Policía Nacional.

En las cercanías se halla el Palacio de López, actual sede de la Presidencia de la República. Este inmueble fue construido durante la administración de Carlos Antonio López para residencia de su hijo, Francisco Solano López, en terreno bajo y anegadizo. Las aguas del río Paraguay llegaban hasta lo que hoy se conoce como Manzana de la Rivera. Para resolver el problema, el terreno fue rellenado con piedra bruta sobre la cual se construyó el Palacio mirando hacia la Bahía de Asunción.

La Manzana de la Rivera es un complejo de ocho casas restauradas recientemente que resumen la arquitectura de los siglos XVIII y XIX. En la actualidad alberga un centro cultural, recreativo y de reflexión. En ella funciona la Biblioteca Municipal y se realizan permanentes muestras artísticas y veladas culturales.

A pocas cuadras se halla ubicada la Casa de la Independencia, edificio que albergó y vio partir a los próceres que gestaron y lograron la independencia del Paraguay en mayo de 1.811.

Asunción es también sede del TRIBUNAL PERMANENTE DE REVISIÓN DEL MERCOSUR. Lo alberga el edificio conocido como Villa Rosalba, palacete de sobrio diseño arquitectónico, construida de acuerdo al diseño de un arquitecto danés, fue inaugurada en 1919.
Entre los Oratorios e Iglesias que deben ser visitados se pueden citar: la Catedral Metropolitana; el Oratorio de la Virgen de la Asunción; la Parroquia de la Recoleta; el Oratorio San Jerónimo; la Iglesia de la Encarnación y la Iglesia de Trinidad.